Si hoy votas, si ella tiene el derecho a ser tanto como él, si conociste los hospitales públicos, o
tuviste el derecho a una beca para estudiar junto a tus vecinos, no fue por obra divina, sino gracias a huelgas como ésta. Gracias a que hubo gente que desobedeció las reglas del juego y rompió la inercia de la resignación cotidiana. Es gracias a jóvenes que vaciaban las aulas un día para poder llenarlas para siempre, mujeres que abandonaron su trabajo unas jornadas para no perderlo por toda la vida, gentes que ocuparon las plazas recordando que los derechos se pueden confirmar en unas urnas, pero se conquistan en la calle.
Esta huelga no es para hundir a un partido y ensalzar a otro. Esta huelga es contra una lógica, contra un régimen que lleva largo tiempo atacándonos. Es una huelga de mayorías contra minorías. Si piensas que nada cambiará, que de poco sirven estos días de lucha, te equivocas. Te equivocas y les ayudas. Esta no es una huelga, (todavía), con la que hacer caer al gobierno, sino con la que levantarnos nosotros. Renunciar a un día, pensando en quienes no pueden estudiar ninguno. Porque si piensas ir a clase, recuerda que, por desgracia, no estás haciendo uso de un derecho, sino de un privilegio. Y que los privilegios, si no son para todos, son injusticia. Las calles están llenas de listas invisibles de quien no estudió por no poder pagar, los fracasos escolares están llenos de niños que no llegaron porque no tuvieron los medios para hacerlo. Las calles están llenas de maestros que quieren enseñar mientras las aulas públicas están llenas de niños que necesitan más maestros.
No ir a clase hoy es la mejor forma de garantizar que podremos volver mañana.
El 24, la dignidad se aprende fuera de las aulas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario