Artículo de Karlos
AVEU, la Canadiense y la agnosia política
A comienzos de
1919, los trabajadores de la empresa Riegos y Fuerzas del Ebro (conocida como
Canadiense), comenzaban una huelga causada por el despido político de siete
compañeros cuya readmisión exigían. Sin embargo, en política la realidad
siempre va más allá de las apariencias y lo que parecía una huelga circunscrita
a una empresa concreta con un problema determinado, acabó por ser un paro del
70% de la industria Catalana que, en última instancia, llevó al logro de las
famosas 8 horas de jornada laboral.
Para
comprender la utilidad (o necesidad) de una huelga es preciso entender que la
política no es ese juego idealizado que nos cuentan. Los miembros de AVEU han
interiorizado un utópico relato de un mundo idílico donde, los diferentes
intereses de la sociedad son legítimamente representados en parlamentos que
dirimen conflictos y cuyas decisiones son inapelables. Una democracia
inmutable, cuyas reglas, sempiternas e incuestionables, se nos presentan como
tablas de Moisés (¿dictadas por qué
dios? cabría preguntarse). No obstante y a pesar de lo que rezan nuestras
leyes, existen poderes fácticos que determinan la política y se elevan por
encimas de las instituciones que, dicen, nos representan. Buena prueba de esto es que tanto PSOE como
PP han justificado sus criminales decisiones en base a la presión de “los
mercados”. Sólo así puede comprenderse la entrega de millonarias ayudas a la
banca mientras se roba riqueza a la
población a través de tasazos, copagos,
privatizaciones o reducciones salariales. El proyecto económico neoliberal de
la U.E. es la mejor prueba de que nuestras “democracias” están más subordinadas
a los poderes económicos que a la ciudadanía. “Creíamos que íbamos a cambiar a los mercados, y los mercados nos han
cambiado a nosotros” se lamentó con
cinismo Rodríguez Zapatero; “no hay
alternativa a la austeridad” se excusa con hipocresía Rajoy. Emulando ambos
a su maestra Thatcher y lamiendo las botas de su dueña, Merkel. Justo aquí es
donde huelgas y manifestaciones o “las banderas y los megáfonos” que recuerdan
los sabios de AVEU se tornan una herramienta clave no sólo para cambiar el mundo,
sino para comprenderlo. Aunque algunos renuncien a lo uno y sean incapaces de
lo otro. El problema no es que la democracia no esté funcionando, sino que no
hay democracia en absoluto. Los recortes en sanidad y educación, el expolio que
sufre la ciudadanía o la creciente regresividad en la distribución de la
riqueza no son consecuencia de la voluntad democrática de un pueblo que vota
cada cuatro años, sino resultado de la decisión de los mercados que, como
reconoce el especulador Soros “votan
todos los días”. En el capitalismo, 40 magnates organizados tienen más poder
que 40 millones de ciudadanos desmovilizados. Por ello, cuando el poder real
está preso en los mercados, la democracia se reconstruye movilizando las
calles. AVEU no comprende que la gente “chille” cuando la atacan. No es tan
complicado: los pueblos gritan en las calles cuando su voz se silencia en los
parlamentos. Las huelgas son una demostración de fuerza, una amenaza política:
si los gobiernos sirven a los de arriba, algún día temerán agredir a los de
abajo.
Pero los pobres neoliberales, al
no comprender el sentido de la huelga rechazan
analizar sus hechos. Hablan de “coacción”, “amenazas” y “provocaciones”. ¿A qué se refieren?: ¿A la
coacción de un gobierno que nos hace elegir entre paro o precariedad?; ¿A las amenazas del comisario de la U.E.
Olli-Rehn, que nos exige bajar un 10% nuestros salarios si no queremos ser “responsables de enormes costos sociales y
humanos”?; ¿O hablarán de las provocaciones de Juan Roig cuando nos contaba
que de la crisis saldríamos “trabajando
como chinos”? Si AVEU, con su indolencia, se queja de los piquetes visibles
formados por huelguistas que no les dejan acudir a clase por un día, NERO por
su parte, lucha contra los piquetes invisibles formados por los mercados, que
excluyen a gente de las aulas por toda la vida.
También llamada ceguera cognitiva, la agnosia
se caracteriza porque el sujeto físicamente “ve” aunque se sienta ciego a nivel
consciente. Gente que no se choca contra nada pero ignora dónde está. Ver sin
saber lo que ves. AVEU, como el resto de
jauría guardiana de los mercados, ve mucho pero percibe poco. Cuando miran hacia
la histórica huelga de la Canadiense (si acaso la conocen) sólo ven piquetes,
anarquistas, militares y pistoleros. Mientras,
los demócratas percibimos y comprendemos una clase explotada que, a
través de la movilización, arrancó las 8 horas laborales que hoy son orgullo de
nuestra historia. AVEU ve la huelga como una “excusa” contra la LOMCE porque es
incapaz de comprenderla como herramienta de construcción de democracia.
No deja de ser
curioso, en cualquier caso, que acaben su particular manifiesto con la frase “Tu derecho a ir a huelga, mi derecho a ir a
clase.” Reconociendo, sin saberlo, la existencia de dos clases sociales: la
que mañana tendrá derecho a la educación de calidad y la que no. Pero ya lo
avisó Marx: “Entre dos derechos iguales, la fuerza decide”. Nos vemos en las
calles.
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