martes, 5 de noviembre de 2013

AVEU, la Canadiense y la agnosia política


Artículo de Karlos
AVEU, la Canadiense y la agnosia política


A comienzos de 1919, los trabajadores de la empresa Riegos y Fuerzas del Ebro (conocida como Canadiense), comenzaban una huelga causada por el despido político de siete compañeros cuya readmisión exigían. Sin embargo, en política la realidad siempre va más allá de las apariencias y lo que parecía una huelga circunscrita a una empresa concreta con un problema determinado, acabó por ser un paro del 70% de la industria Catalana que, en última instancia, llevó al logro de las famosas 8 horas de jornada laboral.

Para comprender la utilidad (o necesidad) de una huelga es preciso entender que la política no es ese juego idealizado que nos cuentan. Los miembros de AVEU han interiorizado un utópico relato de un mundo idílico donde, los diferentes intereses de la sociedad son legítimamente representados en parlamentos que dirimen conflictos y cuyas decisiones son inapelables. Una democracia inmutable, cuyas reglas, sempiternas e incuestionables, se nos presentan como tablas de Moisés  (¿dictadas por qué dios? cabría preguntarse). No obstante y a pesar de lo que rezan nuestras leyes, existen poderes fácticos que determinan la política y se elevan por encimas de las instituciones que, dicen, nos representan.  Buena prueba de esto es que tanto PSOE como PP han justificado sus criminales decisiones en base a la presión de “los mercados”. Sólo así puede comprenderse la entrega de millonarias ayudas a la banca  mientras se roba riqueza a la población a través de  tasazos, copagos, privatizaciones o reducciones salariales. El proyecto económico neoliberal de la U.E. es la mejor prueba de que nuestras “democracias” están más subordinadas a los poderes económicos que a la ciudadanía. “Creíamos que íbamos a cambiar a los mercados, y los mercados nos han cambiado a nosotros”  se lamentó con cinismo Rodríguez Zapatero; “no hay alternativa a la austeridad” se excusa con hipocresía Rajoy. Emulando ambos a su maestra Thatcher y lamiendo las botas de su dueña, Merkel. Justo aquí es donde huelgas y manifestaciones o “las banderas y los megáfonos” que recuerdan los sabios de AVEU se tornan una herramienta clave no sólo para cambiar el mundo, sino para comprenderlo. Aunque algunos renuncien a lo uno y sean incapaces de lo otro. El problema no es que la democracia no esté funcionando, sino que no hay democracia en absoluto. Los recortes en sanidad y educación, el expolio que sufre la ciudadanía o la creciente regresividad en la distribución de la riqueza no son consecuencia de la voluntad democrática de un pueblo que vota cada cuatro años, sino resultado de la decisión de los mercados que, como reconoce el especulador Soros “votan todos los días”. En el capitalismo, 40 magnates organizados tienen más poder que 40 millones de ciudadanos desmovilizados. Por ello, cuando el poder real está preso en los mercados, la democracia se reconstruye movilizando las calles. AVEU no comprende que la gente “chille” cuando la atacan. No es tan complicado: los pueblos gritan en las calles cuando su voz se silencia en los parlamentos. Las huelgas son una demostración de fuerza, una amenaza política: si los gobiernos sirven a los de arriba, algún día temerán agredir a los de abajo. 

                Pero los pobres neoliberales, al no comprender el sentido de la huelga  rechazan analizar sus hechos. Hablan de “coacción”, “amenazas” y  “provocaciones”. ¿A qué se refieren?: ¿A la coacción de un gobierno que nos hace elegir entre paro o precariedad?;  ¿A las amenazas del comisario de la U.E. Olli-Rehn, que nos exige bajar un 10% nuestros salarios si no queremos ser “responsables de enormes costos sociales y humanos”?; ¿O hablarán de las provocaciones de Juan Roig cuando nos contaba que de la crisis saldríamos “trabajando como chinos”? Si AVEU, con su indolencia, se queja de los piquetes visibles formados por huelguistas que no les dejan acudir a clase por un día, NERO por su parte, lucha contra los piquetes invisibles formados por los mercados, que excluyen a gente de las aulas por toda la vida.
 También llamada ceguera cognitiva, la agnosia se caracteriza porque el sujeto físicamente “ve” aunque se sienta ciego a nivel consciente. Gente que no se choca contra nada pero ignora dónde está. Ver sin saber lo que ves.  AVEU, como el resto de jauría guardiana de los mercados, ve mucho pero percibe poco. Cuando miran hacia la histórica huelga de la Canadiense (si acaso la conocen) sólo ven piquetes, anarquistas, militares y pistoleros. Mientras,  los demócratas percibimos y comprendemos una clase explotada que, a través de la movilización, arrancó las 8 horas laborales que hoy son orgullo de nuestra historia. AVEU ve la huelga como una “excusa” contra la LOMCE porque es incapaz de comprenderla como herramienta de construcción de democracia.


No deja de ser curioso, en cualquier caso, que acaben su particular manifiesto con la frase “Tu derecho a ir a huelga, mi derecho a ir a clase.” Reconociendo, sin saberlo, la existencia de dos clases sociales: la que mañana tendrá derecho a la educación de calidad y la que no. Pero ya lo avisó Marx: “Entre dos derechos iguales, la fuerza decide”. Nos vemos en las calles.





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