Artículo de Ginés
¿CRISIS
ECONÓMICA O SOCIAL?
El método
científico tiene tres etapas claramente diferenciables. La primera
es la observación experimental de los fenómenos que se estudian.
En base a estos experimentos se elabora una teoría que explique de
manera razonada lo que sucede. Ésta teoría suele funcionar muy
bien, hasta que nuevos experimentos demuestran lo contrario. En este
momento, los científicos se replantean la validez de las teorías
que habían propuesto y elaboran otras nuevas, que normalmente
engloban a las anteriores y explican lo que éstas no hacían. En
algunos casos incluso, se desecha totalmente la teoría anterior y se
propone otra, con ideas a priori revolucionarias, pero que con el
tiempo, se transforman en brillantes.
Este método
que tan buenos resultados le proporciona a la ciencia, parece sin
embargo, resultarle hostil a la sociedad de hoy. Claro es que,
mientras la ciencia rema al unísono hacia un mismo horizonte, la
estructura social y política vigente, nace bajo el presupuesto de la
dominación de unos (minoría) sobre los otros (mayoría), lo cual
dificulta enormemente el avance hacia un objetivo común. Es por
tanto obvio, que la mayoría de medios de comunicación suelen
desenfocar el problema poniendo todos sus empeños en defender que,
una estrategia adecuada, acabará por paliar las injusticias
sociales. La dominación de esta “minoría” es tal, que la
“mayoría”, acaba por aceptar que el problema radica en elegir la
mejor táctica y olvidan que a veces es más sensato romper con todo
y volver a elaborar las reglas del juego.
Podemos oír
continuamente a periodistas, analistas políticos, incluso
ciudadanos de a pie, hablar de los problemas que tiene España en
términos económicos, parece que todo el mundo ha aprendido muy bien
que el problema fundamental es que atravesamos una crisis
económica y que el principal objetivo es
usar políticas adecuadas para acabar con ésta. Mucha gente se
sentiría satisfecha si le dijeran que toda la deuda pública ha sido
pagada y que España ha comenzado a crecer. Pero todo esto ¿a costa
de qué?, o mejor dicho ¿a costa de quién?
Parece que
las crisis periódicas que sufre el Capitalismo siempre acaban por
relegar a las clases medias y bajas por debajo de los umbrales de la
pobreza, por el contrario las clases altas aprovechan esta situación
para aumentar sus arcas particulares. En estos periodos la mano
invisible, que se supone que debe estabilizar el mercado en pos del
beneficio común, se convierte en la mano de un policía,
delimitando una frontera entre los que pueden seguir compitiendo en
el sistema y los que deben mirar atónitos, cómo se derrumban sus
derechos más fundamentales. Y es que el capitalismo nos guste o no,
premia ante todo, la iniciativa privada en busca del máximo
beneficio. Aunque se intente sostener que el interés particular de
cada individuo evoluciona hacia el beneficio común, esto es
enteramente falso.
Pensemos por
ejemplo, en aquel empresario farmacéutico que decide invertir en la
creación de un medicamento que combata el cáncer. Entre las
diversas ofertas, siempre se inclinará por aquella que le resulte
más rentable económicamente. Poco le importará que existan líneas
de investigación recomendadas por grandes investigadores, si con
éstas, nunca conseguirá comprarse ese chalet en la Moraleja.
Curiosamente, a lo mejor, la vida acabará devolviéndole la jugada.
Queda claro
entonces, que en general el beneficio particular, es un obstáculo al
beneficio común. Bien es cierto, que las socialdemocracias de
finales del siglo XX evolucionaron en el buen sentido introduciendo
límites al sistema Capitalista. Por supuesto no se tuvo en cuenta,
que los dientes del lobezno no son los del lobo.
Deberíamos
preguntarnos entonces, si los pilares fundamentales sobre los que
hemos construido las sociedades occidentales responden a lo que
entendemos por una sociedad justa e igualitaria. Igual nuestras
teorías no explican del todo bien el origen de los problemas
sociales que sufrimos día a día. Quizás sería recomendable
replantearnos las reglas del juego. A veces es más efectivo escribir
en un folio en blanco.
Ginés
