viernes, 7 de marzo de 2014

Violencia de género y atomización de las desgracias

“En ocasiones es más prudente callar lo que estás pensando y evitar una discusión, sobre todo cuando tratas con personas a las que difícilmente vas a convencer.”

Ese es sin duda uno de los mejores consejos que he recibido en toda mi vida y doy fe de que llevo tiempo intentando ponerlo en práctica y pensando dos veces antes de embarrarme en un debate delicado.

Hoy, indiscutiblemente, no era un día para morderme la lengua. Participaba en una conversación que abordaba temas relativos a la violencia de género y los abusos sexuales a mujeres, de cuya conclusión se podía deducir que las violaciones son fenómenos aislados perpetrados por enfermos mentales.

Mi tolerancia a los despropósitos funciona dependiendo del día y precisamente hoy, tras el reciente estudio de la Agencia de Derechos Fundamentales de la UE que publicaba las cifras de mujeres víctimas de violencia física o sexual, no era un día para callarme ante disparates, pues los datos son desoladores:

-Un tercio de las europeas entre 18 y 74 años (unas 62 millones) ha sufrido algún tipo de abuso físico.
-Una de cada diez ha sido agredida sexualmente y una de cada 20 ha sido violada alguna vez en su vida.
-Entre abril y septiembre de 2012, 13 millones de mujeres de la UE de entre 18 y 74 años de edad fueron víctimas de violencia física.


Pueden encontrarse más detalles aquí:
http://www.publico.es/actualidad/505885/un-tercio-de-las-mujeres-europeas-sufre-violencia-de-genero


Una vez conocidos los datos, podemos hacer dos cosas:
La primera es pensar que en Europa hay 62 millones de mujeres que han tenido la mala suerte de cruzarse en su vida, una o varias veces, con un desequilibrado mental que pretendió abusar de ellas.


La segunda es darnos cuenta de que la violencia machista, fruto de una sociedad patriarcal que perpetúa la desigualdad de género, es uno de los problemas más serios a los que se enfrenta nuestra comunidad.


Los grandes medios de comunicación, las élites que se enriquecen a costa del pueblo, los patriotas de hojalata con cuentas en Suiza y, en definitiva, todos aquellos que se oponen a un cambio real que acabe con las desigualdades del sistema, son muy dados a la individualización de los problemas y a culpabilizar a las víctimas de su desagradable condición.


De este modo, si eres mujer y fuiste víctima de abusos, tuviste mala suerte y probablemente tu forma de vestir también tuvo algo que ver. Si eres un padre de familia en paro tras 30 años trabajando, seguro viviste por encima de tus posibilidades. Si eres una estudiante y tienes que dejar la universidad porque no puedes pagarla, el problema es sólo tuyo, haber estudiado más. Si eres funcionario y cada año recortan tu salario, te está bien empleado por ser un vago. Si eres inmigrante y sufres rechazo y violencia, es muy posible que lo tengas merecido, además, tienes un aspecto muy raro. Si tienes 27 años y no has encontrado trabajo es porque no te esfuerzas lo suficiente…


Y así, poco a poco, quienes son cómplices de las adversidades que atraviesan las trabajadoras y trabajadores de nuestro país, nos convencen de que la culpa es nuestra, de que merecemos la situación en la que nos encontramos, que no hay alternativa y que el único camino posible es el de la resignación, el sufrimiento y vivir con la cabeza agachada.


No obstante, la realidad es que, cuando millones de mujeres son víctimas de violencia, millones de ciudadanos se ven privados del derecho al trabajo, decenas de miles de estudiantes se ven forzados a abandonar la universidad, millones de ciudadanos malviven con salarios de miseria y miles de inmigrantes sufren palizas o mueren en las fronteras, decirnos que se trata de problemas individuales de los cuales cada uno es responsable, es reírse en nuestra cara.


Una mujer maltratada supone una desgracia. Que haya millones de mujeres maltratadas implica que vivimos en una sociedad enferma que necesita urgentemente un cambio. Apliquemos la misma regla de tres con el resto de problemas (pobreza, desempleo, racismo, explotación…) y recordemos: Como problemas colectivos que son, requieren soluciones colectivas.


Los de arriba pretenden convencernos de que la salida de la crisis ha de ser individual, fruto del esfuerzo de particulares, y ha de estar plagada de sacrificios. Pero nos engañan. O salimos todas y todos juntos mediante una lucha colectiva por la igualdad, la democracia y la dignidad o el camino que recorremos de precariedad, miseria, machismo y explotación no tendrá fin.




N.E.R.O.



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